domingo, 10 de septiembre de 2017

Pequeño ABC de estilos de caligrafía

Quieres aprender caligrafía, pero no sabes por qué estilo decantarte. Talleres de inglesa, de gótica, de bastarda, de rotunda... Hay tantos tipos de letra que acabas por confundirlas... No te preocupes porque hoy vamos a repasar algunos de los estilos de caligrafía más conocidos para que lo tengas un poquito más claro y te sirva de recurso para elegir o, por lo menos, como inspiración.



Regresamos fuertes tras las vacaciones de verano, con un repaso a diferentes estilos de caligrafía. Intentaremos seguir un poco el orden cronológico, aunque tampoco pretendemos dar ninguna clase de Historia. Tan solo cuatro pinceladas de los principales tipos de letras que podéis encontrar.

Los principales alfabetos occidentales tuvieron su origen en el semítico septentrional o cananeo, datado entre el 1700 y el 1500 a.C., en el Próximo Oriente. De él derivaron el fenicio, el griego y finalmente el alfabeto latino, creado por los romanos. En el siglo I de nuestra era estaba constituido por 23 letras. Las letras romanas o capitales son nuestras actuales letras mayúsculas. Fáciles de identificar y no tanto de escribir con sus armónicas proporciones.

 Imagen: @silviagadu

Tras la caligrafía romana surgió la uncial, de uso común entre los siglos III y VII, principalmente por los escribas latinos y griegos. Desde el siglo VIII y hasta el siglo XIII se utilizó a menudo en títulos y letras capitales.

En sus inicios las formas se caracterizaban por un trazo simple, con letras redondeadas.  La escritura minúscula más compacta surge alrededor del año 800. Se escribe con plumilla plana con un ángulo de 30 grados.


Imagen: @merletterink

Imagen: @nataliatrias

Existen diferentes variantes de la uncial, algunas con trazos exagerados y florituras. La uncial artificial, por ejemplo, utiliza un ángulo de plumilla de 10 grados.

Aproximadamente entre los siglos IX y XIII, se extendió el uso de la escritura carolina o carolingia. El emperador Carlomagno encargó al monje Alcuino de York la creación de una escritura para usar de manera uniforme en todos los documentos de su imperio. De ella surgirán más tarde y a lo largo de la Edad Media, las escrituras gótica, lombarda y otras.

La minúscula carolingia era clara y uniforme, con formas redondeadas. La pluma era inclinada entre 35° y 45°. 


Página del Freisinger Denkmäler, siglo X.  Imagen: Marjan Smerke

El gótico es un alfabeto manuscrito que fue creado en el siglo VI. Tiene su origen en el Codex Argenteus, “Libro o Biblia de plata” en latín. Es fundamentalmente una adaptación del alfabeto griego en su grafía uncial.

Cuando se recupera en la Edad Media, utilizan el alfabeto latino imitando el estilo de escritura del gótico. Tuvo su esplendor entre los años 1150 y 1500. Destaca por perfiles rectos, que rompen las líneas redondeadas de las letras. Se escribe con plumilla plana y es importante mantener la inclinación a 45 grados.

Imagen: @silviagadu

La caligrafía gótica derivó en otros subestilos, como la rotunda (también llamada gótica redonda o gótica de libros). Es esencialmente de forma redonda. Tiene parecido con la carolina, pero las letras presentan cierta angulosidad y trazos más gruesos, lo que hace que tenga un mayor peso visual.


Imagen: Libro de coro de la Catedral de México

Este estilo fue tan bien acogido que se incluye en prácticamente todos los manuales de enseñanza de la escritura impresos en el Renacimiento. También dio origen a la letra redondilla surgida en España a partir del siglo XVI.




La caligrafía cancilleresca aparece en Italia por los siglos XIV y XV.  Sus trazos presentan una inclinación ligera y sus ascendentes y descendentes son largos y muy versátiles. Sus formas de caja baja están basadas en la minúscula carolingia así como en la mercantesa, una letra gótica de estilo cursivo usada en Italia. Las mayúsculas, a su vez, se basan en la forma de la romana.

Se han desarrollado cuatros tipos de cancilleresca: la cursiva, más apretada; la formata, más redonda y recta; la bastarda, que reúne característica de las dos anteriores, y la cancilleresca moderna.



En el siglo XVI surge una variante simplificada y dulcificada de la escritura cancellaresca, la bastarda. Juan de Icíar fue el creador de la bastarda española. Muy semejante a la cursiva de imprenta, inclinada a la derecha, muy clara, regular, de proporciones simétricas, tamaño pequeño y casi desprovista de nexo.


Imagen:  Cancelleresca bastarda de Juan de Icíar, Lámina del fol. Cv del Libro Subtilissimo, Sevilla Alonso de Barrera, 1596

En el Renacimiento se imponen las letras humanísticas, itálicas y cancillerescas. Las primeras itálicas se crearon hacia 1500. Se alargan los trazos, se contrastan delgados y gruesos, se redondean las letras. Es una letra elegante que, aunque puede escribirse recta, lo habitual es que tenga una ligera inclinación a la derecha. El ángulo de la pluma también es de 45 grados. 


Imagen: @laplumista

Más redondeada es la letra fundacional, con una gran influecia de las clasicas «Roman capital» y las carolingias. Creada en el siglo XX por Edward Johnston a partir de documentos medievales.
La proporcion de esta letra es muy diferente de la itálica. Su cuerpo es de unos cuatro puntos de pluma y su trazo ascendente o descendente, de tres puntos; de manera que sobresalen sobre el cuerpo. Los remates se elaboran con trazos diagonales. Se escribe con una herramienta de punta ancha en un ángulo de 30 grados.

Imagen: @silviagadu

En el siglo XX también se desarrollan otros estilos, como el Neuland. La mayúscula se basa en las letras diseñadas por el alemán Rudolph Koch, considerado uno de los padres de la caligrafía moderna. Son letras gruesas, ideales para trabajos a gran escala. Hay que variar el ángulo de la plumilla o el pincel para mantener el máximo grueso del trazo.

Imagen: @silviagadu


Imagen: @laplumista

Llegamos por fin a las plumillas acabadas en punta. La caligrafía inglesa o Copperplate se caracteriza por unos rasgos más inclinados que la itálica, pasando de los 5º a los 55º . Es una letra de rasgos góticos, muy "adornados" o barrocos, de gran belleza . Se desarrolló en la Inglaterra del siglo XVIII.

Imagen: @silviagadu

 Imagen: @nataliatrias

La denominada caligrafía moderna o expresiva son variaciones de la inglesa. Podemos modificar el tamaño de las letras, exagerar las florituras, romper la línea del texto... las posibilidades son casi infinitas (siempre que el resultado sea legible).

Imagen: @merletterink

Imagen: @laplumista

Lo más divertido, mezclar estilos, como esta preciosa combinación de gótica y moderna.

Imagen:  @silviagadu 

Esperamos que este pequeño ABC de estilos de caligrafía os haya aclarado algunas dudas o, por lo menos, que os dé ideas para probar. Animaros a practicar distintos alfabetos!


lunes, 26 de junio de 2017

Caligrafía y lettering: todo lo que hay que saber antes de empezar

¿Te apetece experimentar con la caligrafía y el lettering?  Antes de empezar a poner la tinta sobre el papel, puede que te interesen estos consejos que hemos ido recopilando a base de experiencia. Porque hay cosas que no parecen importantes, pero lo son.  

 



Podríamos haber titulado este post Lo que nadie te explica cuando comienzas a escribir, pero no sería cierto, porque sí te lo explican cuando realmente te adentras en este apasionante mundo de la mano de profesionales. Pero cuando te pica el gusanillo de las letras, lo más normal es lanzarte a comprar materiales como rotuladores, plumillas, tintas... Miras algunos tutoriales por Internet, te descargas algunos alfabetos... y te pones a practicar. Aunque nosotras siempre hemos recomendado hacer cursos (buenos cursos, con mucho cuidado al elegir como ya os contamos AQUÍ), tampoco desmerecemos la vía autodidacta.

Pero no podemos correr antes de andar. Y las ganas suelen hacer que empecemos a probar con la caligrafía (o el lettering) sin tener en cuenta algunos básicos.

* La mesa: No tod@s tenemos un escritorio de calígrafo o de artista gráfico, pero es imprescindible contar con una buena superficie para escribir bien. Mi primera mesa era muy mona, pero demasiado estrecha y no me dejaba mover el brazo con comodidad.

Dicen los expertos que la mesa debe tener una anchura de entre sesenta y sesenta y cinco centímetros, "distancia que aproximadamente viene a ser la del codo del que escribe hasta las extremidades de los dedos, más la mitad". La distancia de delante a atrás "no debe ser menor de medio metro; pues aunque realmente no se necesita esta longitud para escribir, es conveniente, a fin de que puedan colocarse sobre la mesa el tintero y otros objetos precisos para dicho ejercicio" (Arte de la Escritura y de la Caligrafía. Teoría y práctica, Rufino Blanco, 1902).

Sobre la inclinación, no puedo reprimirme y tengo que reproducir otro fragmento de esta obra: "La bella escritura se produce lo mismo en un plano horizontal que en uno algo inclinado: la mayor facilidad que algunas personas tienen para escribir de una manera o de otra es solamente efecto de la costumbre. Por esta razón el uso de mesas con tablero en forma de pupitre se recomienda solamente para evitar que los rayos de luz reflejados sobre el papel vaya a parar a los ojos".



Mi mesa ahora es lo suficientemente amplia :) Y eso se nota al escribir, creedme. Si no tenéis otro remedio que practicar vuestra afición en la mesa del comedor o la cocina, despejadla bien.

* La iluminación: La luz es básica para poder practicar la caligrafía con comodidad. Siempre que podamos, escribir con luz natural (que no deslumbre y desde el ángulo adecuado) es lo mejor. Aunque muchas veces tendremos que recurrir a la artificial. No sé si se aprecia bien en la anterior foto, pero los ojos agradecen una buena iluminación cenital que ilumine toda el área de escritura y evite sombras. Para mí fue un antes y un después añadir un fluorescente led sobre mi escritorio. Lo coloqué bajo una estantería.



El fluorescente (1) añade luz al flexo (2), también led y con lupa, y a la inestimable luz que entra por la ventana (3), desde la izquierda, que soy diestra.

* El papel: No es necesario malgastar blocs de papeles caros para practicar, sobre todo al principio. Aunque hay que tener claro que un mal papel puede hacer que la plumilla de caligrafía se enganche y sea imposible escribir con fluidez o fastidiarnos un rotulador de los caros (con la rabia que da!). La de Tombow dual que me he cargado por usarlos en cualquier folio o en sobres de cartas!
Para el lettering es básico un papel suave al tacto. Recomiendan marcas como Rhodia o Canson. Aunque para practicar algunos cuadernos normales valen. Por ejemplo los Oxford (que tampoco son baratos). ¿Nuestro consejo? Tocad el papel. Si es suave, mejor para vuestros rotus.

* Las guías: Sabemos la pereza que da dibujar una pauta cada vez que cambiamos de estilo de letra, de tamaño de plumilla plana... pero las guías son básicas para escribir. Además hay webs que nos facilitan la tarea. Recopilamos algunas en este POST.

* El palillero: Ya os lo hemos comentado alguna vez. En el mercado hay muchos palilleros, rectos, oblícuos, simples, adornados... muchos, de muchos materiales y de muchos precios. En el caso de los palilleros oblícuos para caligrafía cursiva, vale la pena invertir en uno con la brida de latón. Permite que la plumilla sea flexible (en el grado en qué ésta lo sea, claro). La escritura es mucho más fluida que con un palillero de plástico.



* La tinta: Para empezar a practicar, no merece la pena gastarse mucho dinero. Está bien tener alguna buena para los "trabajos finales", piezas que queramos regalar o que simplemente sean especiales por lo que sea. Para practicar, la mejor opción es la nogalina. Os lo explicamos en esta entrada sobre CALIGRAFÍA LOW COST.

Una vez con estos conceptos claros, llega el momento de ponerse manos a la obra. Tenéis más información sobre algunas plumillas AQUÍ y AQUÍ.



Un paso más allá, los EXTRAS IMPRESCINDIBLES.

Y si lo vuestro es el lettering y os apetece conocer un poco más algunos de los rotuladores, podéis hacerlo en este POST

No podemos olvidarnos del elemento más necesario para la caligrafía y el lettering: la paciencia. Los avances no son rápidos, pero llegan. Así que a seguir practicando!


viernes, 26 de mayo de 2017

Modas caligráficas


Si seguís el mundo de la caligrafía desde hace un tiempo, os habréis dado cuenta de que como en todo, hay modas. Y las modas como vienen, se van. Y no sé si es porque ya llevamos unos años metidas en esto, pero ya hemos visto pasar de largo muchos estilos, técnicas y adornos, unos con más éxito que otros, que inundaron nuestro Instagram durante días, semanas e incluso meses.


Os acordaréis de que hubo un tiempo en el que estaba de moda hacerte tu propio fondo coloreado (con rotuladores Tombow dual o con acuarelas) para luego escribir una frase encima. Vimos de todo; desde pinceles con acuarela creando un fondo multicolor, hasta rotuladores Tombow escribiendo sobre bolsas zip donde se rociaba agua para luego plasmarlo sobre el papel.
Se sigue usando, pero ya no tiene el boom que tuvo en su momento. Ahora se lleva más el fondo monocromático. Igual abusamos tanto de los colores y lo vimos en tantos sitios que lo hemos aborrecido, aunque sea de manera inconsciente.



Si seguimos con los colores, también estuvo de moda escribir con acuarelas o gouache e ir haciendo degradados y cambios de color dentro de la misma frase, prácticamente fue así como nosotras empezamos a usar los colores.




Una técnica que se vió mucho, hasta la saciedad, fue el escribir con líquido de máscara y luego pintar encima un fondo. Al quitar la máscara se quedaba la palabra "escrita" en el papel. Ya no hemos vuelto a saber nada de la máscara.


¿Y las coronas de flores y filigranas? Si no la has hecho es que no has sido una verdadera calígrafa ;P Todas las hemos usado para enmarcar una palabra bonita o una frase, o para hacer una tarjeta de felicitación.


Otra cosa que tuvo un boom tremendo, y que algunas tuvimos que hacer un esfuerzo aún más tremendo para no comprar el dichoso secador,  fue el embossing. Hasta en la sopa oiga, y lo sabéis. Vídeos y vídeos de un rotulador escribiendo algo que no se ve, al que se le echan unos polvos mágicos y con una pistola de calor se convierte en una tinta brillante y con relieve... Asombroso. Es raro verlo ya, pero algo queda.


¿Y qué me decís de las galaxias?? Las has visto seguro, ¿verdad? Vídeos de cómo hacer una galaxia (fondo oscuro y redondo en el que se van combinando otros colores como rojo, violeta, negro, azul.... y que acaba salpicado con tinta blanca haciendo las estrellitas) o fotos de frases con una galaxia de fondo, otra moda que como vino se fue.

¡Anda! Y no se me puede olvidar un material que estuvo en boga durante mucho tiempo! Y que ya no lo hemos vuelto a ver prácticamente... el foil!! No me dirás que no has visto caligrafía usando el foil.... por todas partes! Y además que a esto no nos pudimos resistir casi ninguna. Tenía su trabajo pero era muy resultón. Otra técnica que pasó al olvido, o al cajón donde todas tenemos ahora el foil junto con la plastificadora.

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¿Y qué tienes que tener ahora mismo para estar a la moda?

Bueno, un material que ya lleva un tiempo en alza y que creo que no decaerá porque son ideales de la muerte son las acuarelas finetec, que empezamos a verlas en su variante dorada pero cada vez salen más colores. No hay ninguno que no nos haya enamorado. La calidad es buenísima y el acabado es tremendo. Si sólo has visto fotos no puedes hacerte una idea de cómo son, porque tienen un brillo tan espectacular que es imposible sacarlo en su totalidad en la foto, perdiendo siempre bastante al fotografiarlo. Si no las tienes hazte con ellas que no van a pasar de moda, más bien se convertirán en el "fondo de armario" básico de todo calígrafo.
No nos patrocina Finetec pero vamos, tampoco nos importaría. Somos un poco adictas.




Otro material muy de moda ahora mismo son los rotuladores acuareables, y en concretoTalens Ecoline. Y no solo eso, es que ahora se lleva mojar el rotulador en un bote de acuarela líquida de otro color y hacer degradados. Seguro que lo has visto.



La mayor novedad ahora mismo es escribir palabras con pincel, con mucha textura, trazos rápidos y con varios colores. Son muchos los que se han apuntado a esta moda y ya empieza a ser algo cansina. Los habrás visto, incluso ahora se lleva escribirlos, escanearlos y pegarlos en un fondo distinto preparado para tal fin.
Algo que estamos viendo mucho, y que a veces está bien pero otras veces acaba estropeando el trabajo, es escribir una palabra con estos rotuladores y luego salpicar el papel con tinta. Un poquito es bien, mucho es pasarse!


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Y no nos podemos ir sin mencionar la caligrafía digital. Hay algún genio en este mundo que hace verdaderas virguerías con Procreate en IPad Pro. Llámanos clasiconas.... pero donde esté una plumilla y una tinta o un rotulador... que se quite lo digital.



Pues ya veis que en caligrafía, como en todo, hay modas que vienen y van, otras que llegan para quedarse... Lo importante es seguir practicando, probar técnicas y materiales nuevos. No dejéis de ser curios@s!




jueves, 6 de abril de 2017

Lettering de viaje: ¿qué llevar en el estuche?

El lettering se puede practicar en cualquier lugar, también estando fuera de casa, de viaje o de vacaciones. Solo necesitas papel y algo para dibujar. ¿Qué materiales llevar en el estuche para cubrir diferentes técnicas y estilos? Sigue leyendo.


Ahora que se acerca la Semana Santa es buen momento para repasar algunos básicos que podemos llevar a todas partes, sin cargar demasiado peso. Hace tiempo analizamos muchos de los rotuladores que se pueden usar para lettering (AQUÍ).  Las posibilidades son casi infinitas.

Aunque cada cual tiene sus preferencias, personalmente me gusta llevar un poco de todo, para poder practicar diferentes estilos de letras. Esto es lo que hay en el estuche que meto siempre en mi maleta. 



1- Tombow

Los Tombow Fudenosuke (soft y hard) son de mis preferidos. A diferencia de los Tombow dual, nos sirven para letras de tamaño pequeño. Acompañados de un Tombow dual gris y de un rotulador de gel blanco, podemos añadir sombras y toques de luz.


2 y 4 - Bimoji y Micron

Los Kuretake Bimoji son muy parecidos a los Fudenosuke (sobre todo los números 1 y 2), pero su variedad de puntas nos permite un mayor abanico de tamaños de letra.

Los Pigma Micron, rotuladores calibrados, los suelo usar para dibujos y detalles pequeños. Y hay quien los usa para la falsa caligrafía. Si añadimos a la colección un Micron Brush, podemos jugar con los contrastes de finos y gruesos sin necesidad de recurrir a esa técnica.


3- Pentel touch

Imprescindibles para poder practicar el lettering a color sin necesidad de cargar con los Tombow dual (más grandes). Con la misma punta flexible que los anteriores, lo bueno es que hay 12 colores diferentes para elegir. Yo me los llevo todos (no tengo remedio...).



5- Rotuladores de pincel

Para no echar de menos las acuarelas y los pinceles clásicos, en mi estuche no pueden faltar este tipo de rotuladores. Uno de mis preferidos es el Pentel Pocket Brush. De trazo bastante grueso, solo está disponible en negro. Para jugar con el color, una opción son los Kuretake Zig Clean Color.


6- Rotuladores biselados

Son los de punta plana. Aunque aún no los controlo demasiado, dan más opciones para jugar con otro tipo de letras y me gusta llevarlos para variar. ¿Algunas marcas? Kuretake Zig Calligraphy, Pigma Calligrapher, Speedball Elegant Writer...


En nuestro estuche para llevar a todas partes tampoco  podemos olvidar el lápiz, la goma de borrar y el sacapuntas. Porque la base del lettering es dibujar letras.



¿Y vosotr@s, qué es lo que os lleváis para practicar lettering cuando estáis de viaje?



viernes, 31 de marzo de 2017

Las Sin Sombrero: Rosa Chacel

La escritora Rosa Chacel fue la única que logró hacerse un hueco entre sus compañeros y se la reconoce como parte de la Generación del 27. Se incorporó al grupo de las Sin Sombrero más tarde que sus amigas y fue menos activa en sus manifestaciones, pero por su obra y su particular visión del feminismo también ha servido como inspiración para este reto caligráfico de marzo. 

 

Imagen: generandolecturas.files.wordpress.com

Rosa Chacel Arimón nace en Valladolid en 1898, en el seno de una familia liberal con gusto por el arte y la literatura. A pesar de pasar su infancia en casa por prescripción médica, Rosa desarrolla una libertad de pensamiento poco frecuente en la época, aptitudes y actitudes que seguro están estrechamente relacionadas con esa “intensidad maniática” – como ella misma llegó a afirmar-, con la que sus padres la educaron y formaron en casa. Como anécdota, dicen que con tres añitos ya era capaz de recitar poemas de Zorrilla, del que era sobrina nieta.

Cuando Rosa tenía 10 años, su familia se traslada a vivir a Madrid, al barrio de Malasaña, entonces barrio de Las Maravillas, lugar que daría nombre a una de sus novelas más celebradas. Allí, con 17 años, Rosa ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde comienza sus estudios de escultura y coincide ya con Timoteo Pérez Rubio, quien acabaría siendo su marido.

Retrato de Rosa Chacel por Timoteo Pérez Rubio.

Después de tres años, Rosa abandona sus estudios de escultura al darse cuenta de que no es su verdadera vocación. Chacel frecuenta lugares como el Ateneo, la Residencia de Estudiantes o el café Pombo, donde contacta con pensadores y escritores y donde participa en tertulias literarias y artísticas. En el Ateneo de Madrid ofrece la conferencia “La mujer y sus posibilidades”, que generaría mucha agitación y polémica.

En 1922 Rosa se casa con Timoteo Pérez, a quién le habían concedido una beca en Roma. Allí la pareja reside durante seis años para luego regresar a un Madrid en pleno apogeo cultural y creativo, del que se había perdido sus primeros años. Sin embargo, pronto recuperará su actividad literaria tras integrarse en el círculo de su admirado Ortega y Gasset, lo que le permitió publicar en importantes publicaciones.

La década de los 30 fue agitada en la vida de Rosa Chacel: nace su hijo Carlos, consigue que publiquen su primera obra Estación. Ida y vuelta; en el 33, tras la muerte de su madre, se traslada un tiempo a Berlín, donde coincide con María Teresa León y Rafael Alberti; y el 36 (¡ay, el 36!), cuando por su significación política, decide exiliarse a París (decisión muy criticada por muchos de sus amigos, como su querida y admirada María Zambrano).


Durante los años posteriores, el fascismo continúa su avance por Europa y Rosa, junto a su marido y su hijo, deciden exiliarse a Sudamérica, donde residen en Brasil y Buenos Aires. La familia de Rosa pasa necesidades económicas, pero ella nunca dejade trabajar como escritora y traductora (Rosa Chacel es la traductora de La Peste de Albert Camus) ni de participar en la vida intelectual de allá donde se encontrara. Mientras que en Brasil nunca se sintió del todo integrada, en Buenos Aires sus escritos gozaban de buena fama y allí volvió a tomar contacto con jóvenes de España que recuperaban y estudiaban su obra. En la capital argentina escribió La sinrazón, la que se ha calificado como su mejor obra literaria.

Desde los años 60, Chacel vuelve a España en varias ocasiones y ya será en 1977, tras la muerte de su marido, cuando se traslada definitivamente a vivir a Madrid. En la época de la transición y la restauración de la democracia se redescubre su obra y su figura. La autora es especialmente prolífica y se reeditan varias de sus obras.

En la extensa obra literaria de Rosa Chacel la mujer siempre tiene un gran protagonismo. Sus personajes femeninos reflejan dos visiones antagónicas (o quizá no tanto) de la mujer de la época: mujeres que pasivas se dedican a “sus labores”, chismosas y con escasa inclinación por el estudio frente a mujeres de inteligencia superior, libres e independientes en búsqueda de su realización personal.


Para Rosa, hombres y mujeres eran iguales, y por ello nunca se unión al movimiento feminista, ya que confiaba en que la revolución de los hombres acabaría incluyendo a la mujer. Rosa realizó múltiples y diversas publicaciones en torno al tema del feminismo y el papel de la mujer en la historia.

Rosa Chacel murió en 1994 tras decenas de ensayos, novelas, poemas, conferencias, tertulias, traducciones… Rosa Chacel, trabajadora incansable durante toda su vida, nos ha servido de inspiración en este mes y para algunos años más.

Con ella cerramos nuestro reto de marzo. Para repasar todo lo que ha dado de sí, echad un vistazo a los hastags #marzosinsombrero y #mujeresenlasombra.

miércoles, 29 de marzo de 2017

En torno a las Sin Sombrero: Clara Campoamor

La política Clara Campoamor no perteneció directamente a las Sin Sombrero, pero fue una de sus precursoras. Luchó por los derechos de la mujer junto a otras valientes como Victoria Kent, Margarita Nelken o María de Maeztu. En este reto también nos hemos inspirado en ella.



Durante todo el mes de marzo hemos rendido homenaje a unas mujeres de gran talento artístico e intelectual que rompieron las normas culturales y sociales de una España previa a la Guerra Civil: las Sin Sombrero. Aunque otras antes dieron los primeros pasos para que ellas acabaran liberándose del peso social que las limitaba a un papel únicamente de madres y esposas. Campoamor fue una de ellas.

Clara Campoamor Rodríguez nació en Madrid en 1888. Su padre murió cuando ella tenía diez años, lo que la obligó a abandonar sus estudios para poder colaborar en la economía familiar. Trabajó como modista, dependienta de comercio y telefonista. En 1914, ganó con el primer puesto por oposición, una plaza en el Ministerio de Instrucción Pública. Esto la llevó a ejercer como profesora especial de taquigrafía y mecanografía en las Escuelas de Adultas. Durante los años siguientes alternó este trabajo con los de traductora de francés, auxiliar mecanógrafa y secretaria en un periódico conservador, trabajo que le llevó a interesarse por la política y a publicar algún artículo.


En 1920 inició sus estudios de bachiller. Después se matriculó en la Facultad de Derecho y se licenció con 36 años, en diciembre de 1924. Se convirtió en una de las pocas abogadas españolas de la época. Un año después fue la segunda mujer en incorporarse al Colegio de Abogados de Madrid, un mes después que Victoria Kent.

Tras proclamarse la Segunda República, Clara Campoamor fue elegida diputada por la circunscripción de la ciudad de Madrid en las elecciones de 1931. En aquel momento las mujeres podían ser elegidas, pero no ser electoras. Se había afiliado al Partido Radical, puesto que éste se proclamaba "republicano, liberal, laico y democrático", constantes de su propio ideario político.

Durante el período de las Cortes Constituyentes de 1931 formó parte del equipo que elaboró el proyecto de la Constitución de la nueva República. Luchó por que se estableciera la no discriminación por razón de sexo, la igualdad jurídica de los hijos e hijas habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal. Consiguió todo, excepto lo relativo al voto, que tuvo que debatirse en las Cortes de España.

La izquierda, con la excepción de un grupo de socialistas y algunos republicanos, no querían que la mujer votase porque se suponía que estaba muy influida por la Iglesia y votaría a favor de la derecha. Por ello, el Partido Radical Socialista enfrentó a Clara con otra reconocida diputada, Victoria Kent, contraria al voto de las mujeres. El debate final se celebró el 1 de octubre de 1931. Acabó venciendo el sí, con 161 votos a favor y 121 en contra. Se aprobó así el artículo 36 que hizo posible el sufragio femenino.


Clara Campoamor antepuso los intereses de la mujer a cualquier interés partidista o electoralista. Para ella era obvio que la mujer merecía tener los mismos derechos que el hombre, en todos los aspectos, y consideraba que sería un grave error político dejar a la mujer al margen de ese derecho.



En 1934, Campoamor abandonó el Partido Radical. Ese mismo año, intentó unirse a Izquierda Republicana, pero su admisión fue denegada. Fue entonces cuando publicó Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, donde describe sus luchas parlamentarias.



Clara y el feminismo

En una serie de conferencias pronunciadas en mayo de 1923 en la Universidad Central, describe lo que para ella era el feminismo. Este vocablo le parecía absurdo porque, y aunque lo aceptaba como fórmula breve, consideraba que era interpretado de forma errónea, como lo era el pensar que sería “solamente beneficioso para la mujer lo que será un mejoramiento purificador de la humanidad”.

Para ella, en toda mujer hay una feminista.



Cuando estalló la Guerra Civil se exilió en París. Vivió una década en Buenos Aires donde se ganó la vida traduciendo, dando conferencias y escribiendo biografías (Concepción Arenal, Sor Juana Inés de la Cruz, Quevedo). Intentó regresar a España a fines de la década de 1940, pero desistió al conocer la noticia de que estaba procesada por su pertenencia a una logia masónica.

En 1955 se instaló en Lausana (Suiza) donde trabajó en un bufete de abogados hasta que perdió la vista. Murió de cáncer en abril de 1972. Sus restos mortales fueron trasladados algunos años después de su muerte a San Sebastián.

En ESTE ENLACE encontraréis la película de Laura Mañá, Clara Campoamor, la mujer olvidada, de 2011.